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January 28, 2013
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El Trovador

Esa noche el palacio brillaba más que de costumbre, pues el motivo no era para menos. Se festejaba el compromiso del príncipe heredero. A decir verdad, era solo una excusa más para que la nobleza, de aquel empobrecido imperio, pudiese pasar una noche de diversión.
El concepto de la fiesta, algo irónico, no era otra que los festejos populares del lugar. Trovadores, bailarinas y arlequines alegraban el salón, robando la sonrisa de aquella elite, más aquello, lejos se encontraba de siquiera parecerse a la realidad de la población.

Uno de aquellos trovadores, solía ser llamado por el rey con mayor frecuencia, debido al encanto de sus melodías, siendo este capaz, de hacerle tanto llorar como reír con sus poesías. Y estos no eran sus únicos encantos. Su dominio del clavicordio lo hacían conocido en el pueblo y el soberano había ayudado en ello.
Sabía que jamás lograría ser un músico de la corte, aunque no desease otra cosa con toda la fuerza de su joven corazón, pero estaba agradecido, gracias a ello, sus prosas eran esperadas en la plaza del lugar y había ganado alguno que otro discípulo para el manejo del instrumento, lo cual, le permitía llevar una vida algo más digna.
Cruz tenía la ventaja que sus compañeros no conocía aquel lugar en donde se presentaban.

Había sido hace unas pocas semanas, que la radiante prometida del imperio vecino llego al palacio. No era otra cosa que un buen pacto diplomático, la paz y ayuda con él vecino existiría, si ella vivía, un par de décadas por lo menos, ni hablar si dejaba un digno linaje. Y ella lo sabía. Era su destino, su misión en este mundo, dar un hijo varón que algún día seria coronado rey.
El trovador tocaba un par de acordes en su viejo laúd, cuando la elegante caminata de la joven robo su atención.
Sin saber quien era, Cruz intento cumplir con los labores que tanto le agradaban al dueño de aquel palacio. Con su sonrisa se acerco a ella, para recitar una de sus canciones.
Sin siquiera mirarlo, Amelia paso por su lado, con su frente en alto y paso firme. Y sorprendido él trovador la miro, de aquella fría manera la recién llegada había marcado su superioridad ante sus súbditos.

No fueron muchas más las oportunidades que él músico de cabello castaño, la cruzo. Mostraba su educación, pero no era como su futuro suegro, no, ella no hablaba con nadie que no este por debajo a su nivel social, siquiera una mirada era capaz de darle. Y aquello se le hacia tan desagradable. Pero no podía negar lo bella que era.

Se encontraba sentada en uno de los tronos de oro, a su lado, le sostenía la mano él primogénito de la familia. Ambos vestían de blanco, con detalles de hilos de oro, resaltando así del rojo, gris, azul y bordo que decoraban a los invitados. Era la regla del evento, con colores oscuros y opacos imitar a la población, aunque ante la magnitud del salón (y de los vestuarios) fuese imposible.

Un grupo de gitanas irrumpieron en el salón, llevaban telas y cartas consigo, dispuestas a leer el pro venir de los invitados. Emocionados estos se les acercaban con los deseos de conocer su futuro.
Cruz, profesional como siempre, mantenía su compostura. Moviendo sus dedos al compás de la música. A su lado, unos compañeros tocaban panderetas y bailaban danzas populares.
Más algo robo su atención. Una de las osadas mujeres subió esos pocos escalones, que mantenían en un estatus de superioridad a la futura pareja. Se acerco a la joven, para intentar tomar su mano. Como era de esperarse, la dueña de aquella larga cabellera rubia mostró su resistencia, pero fue inútil. El heredero le sonrió, para acabar quitando su blanco guante y entregando la palma de su mano a la gitana.
Con cuidado miro su palida piel, para con su dedo índice seguir su destino, según ella tatuado en la palma de su mano. Fue con un brusco impulso que la joven arranco su extremidad, al escuchar las palabras que escapaban de los labios de la gitana.

-¿Cómo se atreve usted a decir tal cosa?

La mujer de frondoso y oscuro cabello miro impresionada la reacción de la joven. Su prometido, sin perder su encanto, coloco sus brazos sobre sus hombros, pero no logro demasiado.
Discutir seria inútil, para la fémina de moras raíces, su destino ya había sido elegido. Aunque ella se negara a aceptarlo.
Molesta tomo asiento, para que él joven heredero le diera señal de retirada a la impactada mujer.

Para él tampoco había sido grato lo que había escuchado, más, prefería mantener la compostura, pese a la molesta expresión de la joven.
Se puso de pie, para dedicarle una pequeña reverencia, invitándola así al baile.
De forma tajante se negó, para recibir la mirada de reproche de su pareja, ¿era esa la actitud de una futura reina consorte? De mala gana le jalo del brazo, para molesto reprocharle.

-Esa no es una actitud para tener en público, cállate y bailemos.

Más retadora se atrevió a mirarlo, para volver a moverse con brusquedad, poniéndose de pie y bajando unos cuantos escalones ante la perpleja mirada del hombre. Pensó unos segundos, para darse cuenta que el educado heredero no tenía la más pálida idea de cómo reaccionar ante aquello.
Ella siguió sus instintos, para tomar un poco su vestido y continuar bajando los escalones para perderse en el tumulto.

Opto por hacerse él tonto, al menos por un rato y proseguir con su trabajo. Pero no podría negar que, aquella elocuente escena había robado su atención. No había logrado escuchar absolutamente nada, pero conocía él ambiente y los códigos de la familia real. Sin duda alguna, esa mujer era una mal educada.
Con algo de lastima observo al hombre, resignado tomo asiento en el lugar. La había perdido completamente de vista. Hacer un escándalo no era una opción.

Paso casi una hora del incidente, Cruz bebía aguardiente, se reía y divertía con sus compañeros, dejando totalmente en el olvido lo ocurrido.
El busillo resonaba en su cabeza, necesitaba algo de paz. Dio unos pasos hacia la salida, para bajar aquellas escalinatas de mármol, iluminadas por antorchas, para así, marcar el final del lujoso palacio y el inicio del inmenso jardín, perdido en la sombra de la noche.

Solo las estrellas y el brillo de la luna iluminaban el lugar. Pero él no necesitaba más, lo conocía como la palma de su mano. Tomo asiento en uno de los banquitos, estaba cerca de la fuente y lo sabia. Relajado estiro los pies, para acomodar su laúd y dejar que la belleza de la noche lo inspirara sola.

Pero aquel sublime momento duro poco. Un extraño sonido invadía el lugar y no era música exactamente. Se detuvo en seco, para concentrarse y divisar una figura, aparentemente femenina, sentada junto a la fuente.
Su caballerosidad actuó sola, para ponerse de pie y seguro acercarse a ella.

-¿Se encuentra bien señorita?

No tardo ni un solo segundo en reconocerla y en notar como las lagrimas emanaban de sus ojos. Rápidamente las seco, para ponerse de pie y dar inicio a su caminata, más, él fue atrevido y de la muñeca la tomo, para retenerla.

-¿Le han hecho daño su majestad?-hablo entre preocupado y molesto con su actitud.

Y sus oscuros ojos se llenaron de lágrimas, inútilmente intento esconderlo tras su cabello. Pero la pregunta irrumpió por tercera vez. Molesta se voltio.

-Esta usted sobrepasándose plebeyo

Con su orgullo algo herido la soltó, para permitirle hacer lo que se le de la gana, total, no era su problema y no sea que acabe en uno gracias a la extranjera esa.

-Mi rango social no será alto, pero mi educación no me permite ver llorar a una dama.

Lo miro impresionada, dudo unos segundos sin tener idea que hacer, para optar por dar la media vuelta y retirarse.

Supo sorprenderse una vez más, para pensativo mirarla irse. Tomo asiento en el banco, para mirar como estupido el paisaje. Le había sorprendido aquello, pero entendía que lo correcto seria hacer como si nada hubiese pasado.

Pasaron un par de días de aquella fiesta, como era costumbre, él trovador se encontraba haciendo sus cumplidos con el rey. Había sido un día corto, para su fortuna. Cruzaba el jardín en aquel soleado día. En su mente trazaba los planes para lo que quedaba del día.

Tras las azucenas se encontraba un grupo de doncellas, jugaban con la hierba, mientras platicaban y reían. Amelía se encontraba junto a ellas. El idioma no era una barrera para ella, pero por algún motivo, prefería mantenerse alejada, sentada un poco más atrás y apartada de toda risa que pudiese inundar el lugar. Despreocupada jugaba con una de las flores, arrancando sus pétalos, para luego, dejarlos caer sutilmente al suelo. Por una simple casualidad, lo vio pasar.

Él músico intento hacerse él tonto, pero por más que lo intento, no pudo evitar su sorpresa al notar como la joven se ponía de pie, caminando apurada para así tratar de alcanzarlo. Se mantuvo de pie, en silencio, esperando, más, aquello no era algo que le emocionara.

-Buenas tardes trovador-Hablo educada la joven. Para obligarle a dar la media vuelta y hacer una reverencia.
-¿Se encuentra bien su majestad?

Un esbozo de sonrisa se dibujo en sus labios pintados color rojo. Miro al piso, sin saber que decir. Alzó sus manos, para acomodar su enorme sombrero y tomarse así unos segundos para pensar.

-¿Necesita que cumpla alguna labor, su majestad?-Y así venia abajo su idílica Tarde.
-No, no es eso señor…-Pensó un poco-¿Me permite su nombre?
-Soy Cruz su majestad.
-Amelía
-Lo se su majestad.

Temerosa clavo sus ojos en el suelo una vez más, algo tenia que decir, pero no sabia como.
Los ojos verdes del joven se veían pacientes, pese a que aquello le resultase de lo más desagradable. Para él, esa damisela no era más que una soberbia, que lo miro como un reo desde el primer día.

Apenada le miro, para tomar el coraje para hablar.

-Es mi deber agradecerle su actitud a conmigo de la otra noche-Pauso sigilosa, para pensar como continuar-Usted no tiene ninguna obligación conmigo, pudo esparcirlo por todo el palacio y…
-No es necesario que me agradezca su majestad, un caballero no habla de las lágrimas de una dama.

Se permitió sonreírle, para dejar al joven Cruz sin saber como reaccionar. Como un impulso, tomo su laúd, para que sus dedos jueguen un poco con aquellas cuerdas. Le miro concentrada, para tomar asiento junto al pasto.
Una vez los minutos pasaron, abrió su boca, para comenzar a cantar acompañado de aquella alegre melodía.


Fascinada lo miraba tocar. Siquiera lo recordaba de aquel día, en el cual, ella paso a su lado sin siquiera mirarlo.
Recién en ese momento, pudo entender por que el rey exigía tanto la presencia de aquel joven. Una carcajada escapo de la joven, para así obligarlo a parar sus acordes. No tenia idea como tomar aquello.

-¿Algo no es de su agrado, su majestad?
-No es eso-intento controlar su risa-Es solo que su trabajo es muy agradable.

Y la situación volteo rápidamente, siendo esta vez el quien sonrió, satisfecho tras aquellas palabras.

Los días pasaron con serenidad en el palacio. Las visitas de Cruz se habían hecho más constantes, debido a que la extranjera, al igual que el rey, exigía escuchar sus composiciones. Y no solo ello, le pidió explícitamente a su futuro suegro para tomar lecciones de clavicordio y música.
Así, él se transformo en su maestro de música, en quien la escuchaba y apoyaba, en su amigo, en su confidente.

Era una hermosa tarde primaveral, a petición de ella, se habían trasladado a las afueras del palacio, donde solo las margaritas y las aguas del rió los observaban. Él sostenía en sus brazos un libro, en bastantes malas condiciones, dictándole detalladamente lo que debía anotar a la joven, la cual reposaba en el pasto, anotando todo en unas cuantas hojas.

-El día esta demasiado lindo como para tomar clase-Hablo ella, con su sereno tono. Su cabello siempre recogido y perfectas ropas marcaban una poderosa diferencia con Cruz. Pero para ella eso no era importante, aunque entendía la realidad en la que vivía.
-Su majestad-respondió preocupado-Su excelentísimo rey me da el labor de enseñarle, no de salir de paseo, no en estas horas.

Atrevida fue, al ponerse de pie y cubrir su boca con su dedo. Con un susurro como el viento le silencio. Una extraña sensación recorrió la espalda del trovador.

-Mi nombre es Amelía-Lo miro con picardía-Y tú lo sabes.
-Perdone su majes…-Pues, las siguientes palabras sonaron a un simple balbuceo. Le era imposible hablar, ya que, la mano de la joven le tapaba la boca.
-Solo Amelía-Con un suave impulso, beso su mano, la cual tras escondía los labios del nervioso joven Cruz-Creo que finalizamos la lección del día de hoy.

Con delicadeza movió su muñeca, para caminar con su siempre elegante paso, dejando al joven parado, como un estupido, siquiera sabía como reaccionar ante aquel extraño suceso.

Corrió tras ella, para voltearla y mirarla fijamente a los ojos.

-¿Por qué hizo eso señorita?
-¿Hacer que?-hablo haciéndose la desentendida.
-Lo de recién-No se atrevía a decir más de lo que debía. Aquello era jugar con fuego.

Dio unos pequeños pasos, fingiendo no escucharlo, para tomar asiento en el césped y arrancar una de las flores, para así, con una risa juguetona comenzar a quitarle pétalo por pétalo.

-Señorita…-Insistió, más fue inútil. Se la veía profundamente sumergida en lo que hacia.
-Mucho, poquito o nada…-y continuaba arrancándolos uno por uno-Mucho poquito o nada…

Extrañado la observo por un par de segundos, para caminar hasta donde ella y sentarse a su lado.

-Mucho-Hablo seguro-El príncipe Heredero la quiere mucho señorita…
-Amelía-Insistió con fastidio.
-Amelía, ¿Acaso no nota como la mira? ¿Con el orgullo que la muestra?

Levanto su cabeza, para mirar el cielo celeste por uno segundos.

-¿Eso es querer? ¿Eso es el amor?

Dudo un segundo para rascarse la barbilla, para luego recostarse sobre el césped y al igual que ella, mirar el cielo con su vista perdida.

-No sabría respondértelo, eres mi alumna de música, no de filosofía.
-Eres afortunado Cruz, tú eres dueño de tu destino.

Tomo asiento a su lado, para pensar unos segundos aquello que acababa de confesarle

-Y tú del tuyo.
-Eso no es verdad-hablo en seco-Mi destino ya fue tramitado, me casare en unas semanas, seré reina y estoy obligada a dejar un heredero al trono. Debo rendirle honores a mis tierras cumpliendo con mi deber de mujer.

Las palabras de la joven le robaron una sonrisa, no sabia bien como responder a aquello.

-Tendrás una vida calma, Amelía, no te faltara nada-Hablo nostálgico-La vida afuera, la vida real, no es como aquí.
-¿A que te refieres?

Miro sus ojos inocentes, realmente no tenia idea de lo que le hablaban.

-No todo es tan lindo como aquí-Le reafirmo él-Créeme, cualquier joven de la aldea daría cualquier cosa por estar en donde estas. Deberías de ser feliz.

Respiro profundo para intentar calmar ese nudo que le apretaba en la garganta. No tenía derecho a quejarse, lo tenía todo, pero pese a ello, no era feliz.

-¿Me responderás?
-¿Qué cosa?
-¿Conoces el amor?

Intento abrirle su corazón, para poder explicarlo de la forma más delicada, sin perder nada en el intento.

-Si, lo conozco, este se presenta de diferentes formas-Los curiosos ojos de la doncella se posaron en el-Amo la música.
-Comprendo-Le miro de forma inocente, para dejarse caer sobre él, este exaltado la detuvo.
-¿Qué se supone que pretendes?
-Nada-hablo algo arrepentida por sus actos
-Si alguien me ve así, me matan, ¿quieres eso?
-Sabes que no-Temblorosa la acaricio el rostro.
-No me hagas esto, por favor.
-¿Hacerte que?
-Ya lo sabes, no finjas-tomo su mano, para correrla-Es imposible, lo sabes.
-¿Qué es imposible?
-Eres la futura reina de este lugar, no es correcto me toques de esa forma, menos me preguntes esas cosas.
-Perdóname Cruz-Hablo apenada-Mi intención no era…
-No te preocupes-Algo nervioso le apretó la mano- Si me ven, me van a matar, de verdad Amelía.

Miro sin entenderle del todo, para besarle la frente y retirarse. Aun algo agitado el joven se recostó en el pasto, no tenia idea en lo que acababa de meterse.

Habían pasado varias horas. La luna ya iluminaba al poblado. Cruz prendía unas cuantas ramas en aquella sucia chimenea con la intención de calentar aquel frió lugar. Las diferencias con aquel palacio eran notorias, ahí el oro no abundaba, no había arañas de brillantes que decoraran los techos, solo unas pocas velas que iluminaban aquel lúgubre lugar. La ventana carecía de vidrio, permitiéndole al viento colarse cómodamente al hogar del trovador.


Comía un poco de carne que había sobrado en el palacio, amablemente las cocineras le habían dado una porción, la cual, acompañaba con un poco de pan y una copa de cerámica rota pero llena de agua.
Estaba cansado, había trabajado todo el día y no ansiaba otra cosa más que conciliar el sueño de manera rápida. Pero no todo seria acorde a sus planes. Un delicado golpe sonó en aquella quebradiza puerta de madera.
Intrigado se puso de pie para abrirla con cuidado, intentando evitar así terminar de romperla.
Una desconocida mujer, tapada de pies a cabeza de negro le miraba. Por unos instantes sintió temor que de alguna bruja o hechicera se tratase. Pero de forma rápida ella entro, obligándole atónito a cerrar la puerta.

Temerosa le mostró su rostro, para hacerle soltar algo similar a un ataque de pánico. Se agarro la cabeza con las manos, intento evitar mirarla, para caminar enloquecido por aquel pequeño espacio. Ella le miraba con sorpresa ante aquella reacción, no sabia que decir.

-Te lo voy a repetir-hablo exaltado él-¿Tu quieres que me maten? ¿Qué haces metida aquí?
-No fue difícil averiguar donde vivías…-agrego ella con timidez.
-Vete, fuera de aquí-la tomo del brazo-Lárgate, ahora.

Se dejo arrastrar por él, no sabia como reaccionar, solo un impulso la había llevado hasta ahí. Con molestia la arrojo contra la puerta, dejando la espalda de la joven completamente pegada a esta.

-Dime que nadie te vio, que nadie sabe que te viniste para aquí, por favor-casi en ruego hablo.
-Nadie me vio, nadie sabe que me fui…-

Intento respirar, no era quien para hablarle mal, pero realmente eso superaba todo límite.

-Pudiste decirme algo, ¿No?-algo molesto la miro-Para no tomarme tan desprevenido, ¿sabes lo que significa esto?

Guardo silencio un par de segundos. Realmente no tenia idea de lo que aquello implicaba, solo había seguido su sentir.

-Necesitaba verte.
-Me vez en el palacio
-Pero me dijiste era arriesgado

No pudo evitarlo, rió con cierta ironía.

-¿Me estas diciendo que la futura reina se escape y se esconda en la casa de un plebeyo es mas seguro?

Lo miro apenada, sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, para progresivamente explotar en un agónico llanto. No pudo resistirlo, la miro angustiado, no quería verla mal. Le acaricio la mejilla, para ella impulsivamente correrla.

-Amelia-Se dirigió con congoja-Por favor no llores
-¿Cómo me pides que no llore? Pensé te alegraría verme, que tonta fui.

La miro con ternura, para tomarle su cuerpo y acercarla a él. Con fuerzas la abrazo.

-Si me alegra verte.
-¿Entonces por que te pones así?
-Es imposible-Le beso la frente-Y lo sabes Amelía.
-No-Se negó entre lagrimas ella-Yo te quiero y se que me quieres tu a mi.

Con cuidado la corrió un poco de su cuerpo.

-Con querer no alcanza Amelía.
-Alcanza y sobra-reprocho ella.

Miro con sus ojos profundos a los de él, pérdida, rendida. Él aun la sostenía, estaba nervioso, sentía aquello que le oprimía el pecho. Guardo silencio, para seguir a su corazón y acercarse a ella, para besarla apasionadamente.

La termino de acorralar contra la puerta, para acercarla a él y besarla una vez más. Estaban uno sobre el otro, rindiéndose completamente ante aquel placentero momento.

La tomo de la mano, para correrla de aquel lugar e indicarle lugar en una silla, junto a la que él se encontraba utilizando. Continúo sosteniéndole la mano, para suavemente acariciarla con el dedo.

-¿Estas segura de lo que haces?-consulto dudoso una vez mas. Lo miro con sus brillantes ojos negros, para acariciarle las mejillas y ponerse de pie hacia él.
Tímidamente se sentó sobre él, para con sus brazos abrazar su cuello.

-¿Será nuestro secreto? ¿Si?-Le susurro coqueta al oído.
-Nuestro secreto. Si-Afirmo con seguridad este, para perderse en sus labios una vez más.

La noción del tiempo desapareció por completo entre los besos y las caricias. Amelía experimentaba todo un cóctel de nuevas sensaciones, jamás antes sentidas por la aun casta joven. Para él, aquello ya era otra historia.

Corrió con velocidad todo lo que había en aquella mesa, para apoyar a la joven sobre ella y continuar besándola. Jugaron con sus cuerpos por largo rato, diferentes besos, caricias. Cada vez sus cuerpos sentían más calor, apasionados se despojaban de aquello que ocultaba su desnudes.
Ella temblaba, no entendía si por el miedo, los nervios o el placer. Caballeroso tomo de su mano.

-No haremos nada que usted no deseé, mi bella reina.

Solo lo pudo mirar y sonreír, para una vez mas probar el sabor de sus labios. La acaricio y relajo, para proseguir con el acto.
Un gemido de dolor se escapo de sus labios. La miro apenado, no le gustaba verla sufrir, la amaba demasiado, cuidadoso continúo desvirgando a aquella joven.

Sus cuerpos se encontraban sucios y agitados. Sus respiraciones parecían completamente coordinadas. Con fuerza la aferro en sus brazos. Ella aun no creía lo que acababa de hacer.

La ayudaba a vestirse, por más que ella lo negara sabia bien que tenia miedo de lo que pudiese pasar con su regreso al castillo. Amablemente le beso las manos.

-No se con que rostro volveré a ese lugar-Hablo entre broma y seriedad él.
-Como si nada hubiera pasado, durante las noches me escapare contigo-le beso por última vez, para iniciar su caminata a la puerta para su sigilosa retorno.

Y así fueron las siguientes noches. La rubia extranjera supo cumplir su promesa, mientras que el talentoso trovador la sabía recibir con el cariño en las manos. Faltaban pocas lunas para el festejo del sagrado matrimonio, temían como harían para continuar viéndose.
Pero no hubo necesidad de inventar, esa noche fue todo diferente.

Ella se encontraba recostada sobre su cama, ocultando su cuerpo semi desnudo con las sabanas. Fue en ese preciso instante que la puerta sonó. A la rápida Cruz se vistió, realmente le sorprendía que alguien tocara a su puerta a esas horas.

De forma violenta tiraron la puerta, para la sorpresa de la pareja, ahí estaba él, con su semblante furioso, él futuro heredero. Amelia llevo su mano a tapar sus labios por la sorpresa. En seco, el joven de cabello castaño miro, preocupado.
No estaba solo, no, tras el parte de la guardia imperial le acompañaba.

-Queda usted detenido por traición a la familia real.

No le dejaron tiempo ni a reaccionar, dos de aquellos hombres lo sostenían con firmeza. Sabia que jugaba a dos puntas, entendía que aquello podía pasar, era conciente con lo que se había metido.

Mando al diablo aquella sabana, para pararse y correr hasta ellos desesperada. Mirando como aquellos guardias lo llevaban a la fuerza, le era inútil defenderse.

- ¡Alto! No tienes ninguna potestad para hacer esto-Grito retadora ella

La bofetada llego rápidamente a su delicado rostro. Quedo helada por unos segundos.

-No solo resultaste siendo una prostituta, sino que también una atrevida.
-No tienes el derecho de hablarme de esa forma-Lo miro retadora-Tócame un pelo, o a Cruz y te puedes ganar una guerra con tu vecino, ¿Eso quieres?

De forma violenta le tomo el rostro, para clavar su mirada dolorosa en la de ella. No era tan ingenuo, sabía manejar la diplomacia.

-¿Y tu crees que ellos no lo saben?

Y perdió la compostura para perderse en un llanto amargo, la soltó de manera brusca, para dejarla caer al suelo. Intento ocultar su mirada pero le fue imposible. Entendía lo que pasaba. Sabía que no lo vería más. Dudaba si pasaría el resto de sus días encarcelada con la eterna duda del paradero de su amado o si en algunas horas la muerte la llevaría, para reencontrarse con el en aquel mundo espiritual.


-Llévensela.



Fin
Lo escribi hace como un año, no tiene más capitulos, jeje, espero que sea de su agrado!
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:iconkikyounez-sama:
KikyouNez-sama Feb 18, 2014  Hobbyist General Artist
Muy lindo y muy triste... buen trabajo... Eso sí, si no lo tomas a mal, no quiero ser metiche y es solo un consejo. Ten cuidado con la ortografía.-
Mis disculpas con el atrevimiento.-
Felicitaciones, está buena la historia.-
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:iconjuri-di-lammemoor:
Juri-Di-Lammemoor Feb 19, 2014  Hobbyist General Artist
te agradezco profundamente este tipo de comentarios, si el lector no plantea los puntos débiles del texto y en lo que se puede mejorar, de que sirve?

Soy disléxica y tengo muchos temas con la ortografía, sobre todo con los tildes y acentos y ta, de a poco le voy dando. Igual tanto este texto como el otro tiene entre 3 y 4 años cada uno. Y yo tengo la política de cuando ya publique algo, no editarla ni corregirla, mantenerlo como esta, en primera por un tema de poder defenderme por "plagios"(tristemente me ha pasado! :() y en segunda y más importante para ir viendo una mejora entre los textos más antiguos y los más nuevos! :3

Me alegro mucho te halla gustado! un beso enorme y estas más que invitada siempre que quieras! :D
Reply
:iconkikyounez-sama:
KikyouNez-sama Feb 19, 2014  Hobbyist General Artist
¡AH! ¡Tengo una amiga con tu mismo problema! ¿y sabés qué? ella es profesora ahora, estudió mucho porque ella considera que nada le va a vencer :D
Y sé que tú tampoco dejarás que eso pase. Se nota mucho tu empeño.
Tienes talento nato, es solo cuestión de pulirlo y darle más brillo del que ya tiene.
Lo que has hecho antes, que lo edites para mejorarlo es esencial, para que compares el original con el editado y cuando los lees juntos ves las fallas.
En lo personal me agrada lo que escribes, y si necesitas ayuda estoy a tus órdenes. Es decir, dudas con palabras u oraciones, el resto del texto es mejor que lo mantengas hasta que estés segura.
Te envío mi más fuerte abrazo y ¡adelante!
Espero tu próximo trabajo con ansias...

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:iconjuri-di-lammemoor:
Juri-Di-Lammemoor Feb 19, 2014  Hobbyist General Artist
muchísimas gracias! :D
Reply
:iconkikyounez-sama:
KikyouNez-sama Feb 19, 2014  Hobbyist General Artist
De nada!
Mi placer
:love:
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:iconklaudiakirkland:
*llora en el rincon* que triste sob pero hermoso ;A; melo robo a fav
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:iconjuri-di-lammemoor:
Juri-Di-Lammemoor Aug 20, 2013  Hobbyist General Artist
muchisimas gracias!!! Me alegro mucho te guste! :D
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:iconklaudiakirkland:
no hay problema ^^
Reply
:iconjuri-di-lammemoor:
Juri-Di-Lammemoor Aug 21, 2013  Hobbyist General Artist
:D
Reply
:icontropicalguitarrist:
TropicalGuitarrist Apr 12, 2013  Hobbyist Photographer
Hermosa historia :heart:
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